El personal funerario, sobre todo el que embalsama, tiene una gran conciencia sobre el riesgo biológico que implica el contacto con los cuerpos y las secreciones de las personas fallecidas. Por ello ponen gran cuidado en su capacitación y en la práctica sistemática de medidas que les eviten infectarse con agentes biológicos como el virus del SIDA, hepatitis o la bacteria de la tuberculosis, que son los más temidos.

«No todos los riesgos están en el manejo de cadáveres, ni en la sala de tanatopraxia»

Dr. Gerardo Flores Sánchez, infectólogo-epidemiólogo

Se ha iniciado en México la temporada de huracanes, tanto en la vertiente del Pacífico, como del Atlántico; se esperan muchas lluvias, se ha pronosticado además que el 2016 tendrá temperaturas más cálidas que 2015, mismo que ha sido señalado como el que históricamente ha tenido las temperaturas mayores en las últimas décadas; tenemos circulando tres diferentes virus que son trasmitidos por un mosquito. Todos los ingredientes están puestos para vivir este año una situación inédita en cuanto a epidemia y salud pública. ¿Las empresas funerarias están suficientemente enteradas y preparadas, para enfrentar los retos que nos planteara tal situación?

El mosquito Aedes Aegyti

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¿Quién puede pensar que un pequeñísimo insecto volador podría ser una gran amenaza para su salud y que una simple picadura podría poner en peligro su vida? Muy pocos estarían convencidos de ello; pero la realidad es que el mosquito Aedes Aegypti, representa uno de los mayores peligros para la salud pública mundial, porque no solo es el transmisor de los virus que causan la fiebre amarilla y del dengue, sino además, los del chikungunya y del zika. Ninguno de ellos es originario de México, ni de América latina,

Por otra parte el mosquito, antes selvático, se ha adaptado con gran éxito a las viviendas humanas, en las que se alimenta de la sangre de las personas que las habitan. Por ello las poblaciones urbanas representan para él, abundancia de alimento.

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En México el 80% de la población vive en zonas urbanas, generalmente en viviendas con deficientes condiciones sanitarias.

Los virus que trasmite

Todos estos virus que trasmite el A. Aegyti, son de una familia común, la de arbovirus del género Flavivirus. En lo general, su cuadro clínico es muy parecido, con síntomas como dolor de músculos y articulaciones de la espalda, piernas y brazos; escalofríos, dolor de cabeza intenso, comezón, ardor en piel y en ocasiones salpullido, fiebre; afectación neurológica de diverso grado, fenómenos hemorrágicos y muerte en los casos más graves. Otro aspecto en que coinciden es que después de una primera etapa de su evolución hay un alivio en los síntomas, sigue una reactivación con mayor dolor, fatiga, que puede mantenerse por largos periodos o agravarse.

Fiebre amarilla: En los siglos XVII y XVIII también llamada “vómito negro” o “plaga americana”. Aunque sigue presente en varios países de Sudamérica, en México se logró eliminar la enfermedad en 1923 y erradicar al mosquito en 1963, mediante un programa federal que empleó DDT para combatir el mosquito en los domicilios afectados. Sin embargo, con la reintroducción del Aedes Aegypti a partir de 1979, por causa del comercio de llantas usadas provenientes de EEUU, México vuelve a estar expuesto al surgimiento de esa enfermedad.

Dengue: Desde 1978 México ha tenido varias epidemias causadas por algunos de los cuatro serotipos de este padecimiento, que ya es endémico. Aunque generalmente es benigno, ha causado la muerte a algunas personas que desarrollan formas clínicas graves como la fiebre hemorrágica o el shock.

Chikungunya: Ingresó a México en 2014, pero fue hasta noviembre de 2015 en que se identificaron los primeros casos infectados en el país. Hasta mediados de mayo se habían notificado 11,577 casos de los cuales 4 habían fallecido. La SSA tiene implementado un programa reforzado de prevención y control de esta epidemia.

Zika: El primer caso en nuestro país se registró en noviembre de 2015 en un hombre joven que se infectó en Colombia. Primero se le consideró como un padecimiento benigno, que no representaba gran amenaza para el país; pero a partir de que el 1º. De febrero de 2016, la OMS declaró por el Zika: “emergencia sanitaria global”, fundamentalmente por las enfermedades neurológicas (como microcefalia en recién nacidos y síndrome de Guillian Barré) vinculadas al virus causante del padecimiento. Se acepta entonces, que el virus de Zika tiene otras formas de trasmisión además de la picadura del mosquito, esto es por relaciones sexuales y perinatal (atraviesa la barrera placentaria).

Por lo tanto su potencial infeccioso y de propagación es mucho mayor de lo que inicialmente se estimaba. Por ello, los embalsamadores deben de mantener la aplicación sistemática de las precauciones universales en su trabajo con cadáveres.

Ante la “emergencia sanitaria” del Zika, la SSA ha estrechado la vigilancia epidemiológica, capacitando a su personal de salud e intensificando las medidas preventivas. Hasta el mes de mayo en México se habían confirmado 300 casos.

¿Cuál es la solución?

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Como en toda enfermedad transmisible por un vector, la solución ideal está en alcanzar al 100% alguno o varios de los siguientes objetivos: evitar que ingresen infectados, vacunar a los susceptibles que estén en riesgo antes de ser infectados (picados) y eliminar el mosquito. Lo primero es imposible en un mundo globalizado; para lo segundo solo existe vacuna para fiebre amarilla, para dengue empezará a aplicarse una en la segunda mitad del presente año, pero no se sabe si se podrá vacunar (por la cantidad y costo) a todos los susceptibles y para Zika se ha anunciado que al final del año o en 2017 se contará con una; y lo tercero es lo que precisamente la SSA, está intentando hacer con sus programas actuales de control de enfermedades trasmitidas por vector.

Muchos recursos públicos y privados se han gastado para eliminar los huevecillos, las larvas y los adultos del mosquito; pero sus resultados no han sido contundentes como lo fue en 1963 con la fiebre amarilla. Podemos decir que hasta el momento se ha fracasado en eliminar al vector.

Entre las razones, están: que se trata de epidemias continentales; que las condiciones ambientales naturales, empeoradas por el cambio climático, son excelentes para la reproducción del mosquito; que la intensidad de los movimientos migratorios (muchos de ellos de ilegales), hace muy difícil la vigilancia epidemiológica y la atención médica de enfermos; que la pobreza y la urbanización de la población, genera viviendas en las que se acumulan cacharros y otros criaderos potenciales del mosquito; finalmente las crisis económicas limitan la aplicación suficiente de recursos financieros, materiales y humanos para una amplía y permanente campaña de combate el mosquito y control de personas infectadas.

El resultado es que nos hemos tenido que acostumbrar a la peligrosa presencia del mosquito y a pagar la cuota permanente de enfermedad y algunas muertes por dengue, chikungunya y quizá próximamente por Zika.

¿Las empresas funerarias son lugares de riesgo?

Los lugares ideales para la proliferación del mosquito, son aquellos donde existe una más alta densidad de huevecillo, larvas y adultos del Aedes Aegypti y de depósitos con agua o cacharros. Algunos de esos lugares idóneos, son los cementerios, y los locales sombríos u obscuros como oficinas, bodegas, capillas de las funerarias donde hay floreros y muchas personas (infectadas y sanas) a quienes picar.

Por lo anterior, las empresas funerarias, sus trabajadores y sus clientes deben considerarse como lugares de riesgo por los diversos niveles de exposición al mosquito y a la convivencia con personas que pudieran estar infectadas.

Algunas recomendaciones:

1. Para embalsamadores y a los que participen en algún paso del proceso de manejo de los cuerpos:

Es preciso que practiquen y se les se supervise la aplicación rigurosa de las precauciones universales. Desde luego es indispensable que se les dote del equipo y material necesario para protegerse en su trabajo.

En fiebre amarilla, dengue y chikungunya, no existen disposiciones especiales para el manejo de los cadáveres y sus productos; pero para el Zika seguramente serán emitidas, pues se ha identificado al virus presente en la sangre, la orina, el líquido amniótico, el semen, la saliva y el líquido que baña, el encéfalo y la médula espinal.

Por otra parte no debemos asumir que ya conocemos todo o lo suficiente de la trasmisión de estos tres virus, porque como todo ser vivo, los virus mutan y evolucionan para sobrevivir. No sabemos que nos depare el futuro. En este aspecto la investigación es todavía es poco avanzada.

2. Para el resto de trabajadores funerarios desde directivos, administrativos, operativos de oficina y de campo:

Las personas deben usar ropa que les cubra brazos y piernas, sobre todo las que se expongan en sitios donde existe la presencia de mosquitos. Estos tienen más actividad en las primeras horas de salida del sol y de su puesta. También deben usar repelente.

Los más expuestos y de mayor riesgo, sobre todo cuando la autoridad sanitaria notifique en la localidad existen casos de dengue o Zika, deben de vacunarse.

3. Para los clientes y visitantes de cementerios:

Aplica todo lo del apartado anterior

4. Para la protección de los establecimientos, oficinas, patios, cementerios, criptas, etc.

Si van a permanecer con puertas o ventanas abiertas, se deben de proteger con mosquiteros.

Aplicar un programa calendarizado de nebulización, abatización (depositar gránulos de insecticida organofosforado en recipientes con agua), descacharrización (perforar y eliminar recipientes potenciales de agua), eliminar el agua estancada de recipientes, charcos, llantas, botellas, blocks de construcción y otros objetos que acumulen agua, sustituir el agua por arena en floreros y recipientes, mantener bien tapados todos los depósitos donde se almacena agua, rellenar con tierra tanques sépticos en desuso, desagües en desuso, y letrinas abandonadas, rellenar los huecos de los árboles y paredes con cemento

Cortar pastos y malezas.

Formar promotores que brinden información (verbal e impresa) a los demás trabajadores y a los clientes de la empresa funeraria, sobre la protección contra el vector y las enfermedades que trasmiten.

Todo esto se debe intensificar en épocas de lluvias y huracanes, que en nuestro país son en marzo-abril y las de verano de mayo-diciembre. También en fechas festivas en que aumenta la visita a cementerios, como en el día de las madres, día de muertos y diciembre.

Los directivos y jefes de áreas de trabajo de la empresa funeraria, deben de supervisar periódicamente que se estén realizando las recomendaciones.

 

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