El tejido adiposo se encuentra distribuido en distintas localizaciones en el organismo. Estos depósitos se encuentran principalmente a escala dérmica, subcutánea, mediastínica, mesentérica, perigonadal, perirrenal y retroperitoneal. Además, se distinguen dos grandes tipos de tejido adiposo, el tejido adiposo blanco y el tejido adiposo pardo o marrón. Ambos no presentan diferencias única y exclusivamente en cuanto a coloración, sino también en cuanto a su morfología, distribución, genes y función.

La mayor o menor acumulación de grasa en unas zonas que en otras del organismo se determina por las variaciones regionales en el balance entre los procesos de movilización o almacenamiento lipídico. En este sentido, mientras que las mujeres suelen presentar una acumulación preferentemente periférica de la grasa, los hombres suelen presentar una distribución central o abdominal. Este proceso parece ser debido a que en las mujeres están más acentuados que en el hombre los procesos que favorecen la movilización lipídica en los depósitos de grasa viscerales y los que facilitan el almacenamiento de lípidos en los tejidos periféricos subcutáneos grasos (Marti, Berraondo, & Martínez JA, 1999). También en situaciones de obesidad se observan sujetos con obesidad periférica y sujetos con obesidad abdominal. Es esta última la que está relacionada con el desarrollo de complicaciones metabólicas y cardiovasculares, porque las diferencias regionales en la lipólisis entre la grasa visceral y subcutánea son más marcadas en personas con obesidad abdominal, presentando una menor respuesta lipolítica a catecolaminas en la grasa subcutánea abdominal y una estimulación de la actividad lipolítica en la grasa visceral.

El tejido adiposo posee una gran cantidad de receptores para distintos estímulos, explican la sensibilidad y adaptación del tejido adiposo a las múltiples circunstancias metabólicas (Rosell Puig, Dovale Borjas, & Álvarez Torres). Desde el punto de vista funcional se ha considerado al tejido adiposo blanco como un depósito de energía, aunque actualmente se le reconoce un gran número de funciones.

El tejido adiposo pardo, en cambio desempeña una función termogénica y tal vez amortiguadora de ingresos energéticos excesivos. Gran variedad de fármacos y compuestos orgánicos son de alta liposubilidad, característica que les permite una rápida penetración a través de las membranas celulares y ser así captados por los tejidos mismos. La liposolubilidad hace que se distribuyan, se depositen y se concentren en la grasa corporal.

 TEJIDO ADIPOSO Y TÓXICOS

Variados y abundantes fármacos y compuestos orgánicos son altamente liposolubles, pues esta es una característica que permite una rápida penetración en las membranas celulares; esto quiere decir que son captados por los tejidos de naturaleza adiposa (grasa corporal). Esta característica y propiedad del tejido hace que se distribuyan y concentren en la grasa corporal, pues ya existen estudios previos en los que se revela, se comprueba y verifica la presencia de una serie de compuestos orgánicos como por ejemplo el Clordane, DDT, bifenilos policlorados, bifenilos polibromados y otros alojados en este tejido (García Fernández, Astolfi, & Piacentino, 1974)

Para lograr una explicación clara y precisa, los tóxicos se almacenarían en grasa por una simple disolución física en las grasas neutras que contiene el adipocito. Las grasas neutras constituyen aproximadamente el 50 % del peso corporal de un individuo obeso, alrededor del 20 % del peso corporal de un individuo delgado y en individuos con inanición puede ser de un 10 % (Locani, Perkins de Piacentino, Ginesín, & Mangas).

Ahora, volvamos al tema de los tóxicos. Se ha comprobado que un tóxico que tenga un alto coeficiente de partición en la relación lípido/agua, puede ser almacenado en el tejido adiposo (grasa corporal) por un tiempo bastante prolongado, estar disminuida su concentración en el órgano diana (órgano donde se debe de alojar el tóxico); lo cual es sumamente interesante, pues actuaría como un mecanismo protector del organismo y esto ha llevado a pensar que la toxicidad de unos compuestos que se depositan en la grasa corporal podría no ser la misma, difiriendo en un individuo delgado a uno con sobrepeso.

Entonces, la grasa o tejido adiposo, constituye un depósito bastante estable por su flujo sanguíneo relativamente lento, además de que la mayoría de los fármacos en su estructura no salificada se comportan mayoritariamente como sustancias químicamente no polares, lo que finalmente da como conclusión de que son liposolubles, siendo que la grasa sea un excelente depósito para ellos. En otras palabras, se deben de tomar en cuenta es que las drogas lipofílicas pueden ser almacenadas en tejido adiposo luego de una exposición crónica, además de servir como un depósito de las mismas. Ahora, entremos de lleno en los casos posibles de aplicación.

El tejido adiposo no ha sido aún considerado por los toxicólogos como una matriz de elección para la indagación de los distintos grupos de sustancias y elementos que hacen a la investigación sistemática analítica toxicológica.

La dificultad existente para obtener y procesar éste tipo de material se entiende, pues no se había tomado en cuenta o no se habían hecho estudios enfocados en este tejido; pero una vez hecho realizado, dio como resultado una vía fácil, poco costosa y de confiabilidad gracias a los resultados arrojados en la investigación de su análisis.

También es cierto que se daba por hecho que, por sus características, los tejidos grasos no actuaban como reservorio concentrador de drogas, fármacos o tóxicos, y la metodología disponible muy lejos de poseer la especificidad y sensibilidad de nuestras modernas tecnologías, daban como válida esta errónea interpretación.

Con los resultados arrojados en este trabajo y con la metodología implementada, podría ser una vía de identificación en la sede pericial de alguna manera y ser de complemento en la investigación de causa de muerte en dependencias de gobierno establecidas; ya que, con lo reseñado, los resultados obtenidos fueron favorables, sencillos, económicos y viables para el establecimiento de causa de muerte del occiso.

Entendemos que el hallazgo de drogas en tejido adiposo y que cuando no se encontraban en fluidos biológicos ni en tejido proteico-visceral, dan cuenta de la importancia de la grasa como matriz no tradicional para determinar en casos de muerte, el historial farmacológico del cadáver y establecer científicamente datos que puedan colaborar en la investigación judicial que orilló a realizar una necropsia médico-legal, como en los inicios en la toxicología, las causas mediatas de la muerte.

También podemos hacer estudios de esta índole en pacientes quirúrgicos, ya que esto nos permite detectar la presencia de compuestos suministrados intra-operatorios y de sustancias suministradas e incorporadas con premeditación y también otras sustancias que eran consumidas por el paciente como medicación base o en su dieta normal.

Se concluye que si bien la grasa no es una matriz alternativa de identificación de causa de muerte por sustancias o fármacos, de fácil obtención y que pueda ser de apoyo para estudios de rutina en la investigación, se entiende que sí debe ser de evidencia en casos forenses, sobre todo en cadáveres putrefactos, por ser el tejido más resistente a los procesos de desintegración por excelencia; y en pacientes sometidos a lipo-cirugías para prevenir procesos de mala praxis que puedan estar motivados en los antecedentes farmacológicos de estos últimos y que no fueran declarados por el mismo cuando el médico tratante confeccionó la historia clínica e interrogó sobre estos aspectos, detectando así negligencia médica entre otros delitos de índole médica.

El consumo de drogas anorexígenas (una sustancia supresora o depresora del apetito), y/o de abuso en general como también de fármacos no recetados producto de una automedicación irresponsable, la interacción no sospechada por la presencia de fármacos preexistentes en el individuo con los indicados por el cirujano previo al acto quirúrgico, pueden derivar en causas judiciales como consecuencia de trastornos en la salud de diferente magnitud e involucrar al médico en un proceso legal de impredecibles consecuencias para su futuro profesional, y que hubiera sido evitado de contarse con todos los antecedentes médico-clínico-farmacológico- toxicológico de quien requirió la intervención médica.

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