Durante fines del siglo XX y principios de este siglo XXI, el mundo avanzó aceleradamente hacia la sociedad del futuro, siendo impulsado por el desarrollo de la ciencia en el campo biotecnológico, de la innovación de procesos, equipos y materiales, del diseño de nuevos sistemas de gerencia y administración estratégica, entre otros muchos campos de transformación radical de los modos de producción y de la realización y organización del trabajo.

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Ahora, en el punto al que hemos llegado, conscientes o sin darnos cuenta, nos encontramos ya,  en el umbral de la cuarta revolución Industrial, cuyo motor es el Internet y su núcleo las tecnologías de la Información y la comunicación (TIC). Esta nueva etapa de sociedad humana se ha empezado a denominar Industria 4.0, la cual está dominada centralmente por la economía globalizada y las nuevas tecnologías.

En diversos ámbitos de la producción y consumo de bienes y servicios se han  empezado a aterrizar tecnologías que hasta hace muy poco parecían de ciencia ficción, pero que hoy son toda una realidad, como la Big Data,  la Nube (Cloud Computing), la Fabricación Aditiva e Impresión 3D, la Robótica Colaborativa e inteligente, los Sistemas Ciber-físicos, los vehículos sin conductor, los drones, la tecnología financiera y la cadena de bloques (blockchain), entre otras.

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Precisamente por su importancia en el mundo futuro que se desea construir, la Industria 4.0 fue uno de los principales temas de la 46ª. Reunión Anual del Foro Económico Mundial celebrado en Davos, Suiza, el pasado mes de enero de este año.

La promesa de esta nueva revolución es mejorar la eficiencia y la optimización de los procesos productivos y de operaciones de las empresas, consiguiendo la flexibilidad y la operación a través del empleo de nuevas herramientas. El estancamiento de la economía mundial parece justificar esta expectativa. Un reto especialmente importante, es lograr que las ventajas de la Industria 4.0 se hagan accesibles, aún para las empresas más pequeñas (las pymes) que tienen recursos limitados.

¿Podrá detenerse o retardarse esta revolución 4.0?

La respuesta de los expertos, es que no solo no se podrá detener, sino que además el mundo desarrollado invierte fuertemente en ella. Europa por ejemplo, está gastando 140 billones de euros anualmente en proyectos sobre ella. La meta es que esté consolidada para el año 2020, una fecha realmente cercana.

Pero la introducción de la Industria 4.0 a países emergentes como México, tiene dos obstáculos inmediatos pero no imposibles de resolver a mediano plazo: el requerimiento de alta tecnología e infraestructura física y humana, así como su alto costo. Todo esto agravado por una magra tasa de crecimiento anual de nuestra economía. En estas circunstancias, ciertamente tardará pero no demasiado, sin duda llegará y  entonces todo lo anterior quedará convertido drásticamente en obsoleto.

Pero no todo es tecnología, porque esta nueva revolución industrial corre simultáneamente con el proceso de globalización económica, la cual se caracteriza por un crecimiento y concentración desmedida del capital y crisis cíclicas en los mercados financieros que repercuten en todos los demás ámbitos de la vida de los países, empresas y personas. La incertidumbre es entonces, la palabra que mejor define a la sociedad humana en esta nueva etapa de la historia.

Las empresas en este contexto, tienen un panorama pleno de oportunidades; pero también de competencia sin tregua. Si el dilema es innovarse o ser desplazados, el reto entonces, no es solo mantenerse, sino a ser creativos, replantearse estrategias y atreverse a conocer, adoptar y probar lo que ofrece este nuevo mundo económico-tecnológico.

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Definitivamente la muerte es un hecho humano que no cambiará; pero la manera en que la industria funeraria ayuda con la eficiencia y calidad de sus servicios a confrontar los aspectos materiales, sociales y psico-emocionales-espirituales que implica, es algo que definitivamente sí cambia.

En este vertiginoso cambio, la industria funeraria en México, generalmente conservadora en cuanto su organización (empresas familiares), magnitud (conviven algunaS importantes cadenas de una firma, con muchas empresas medianas y pequeñas) y contenidos de los servicios que presta (cultura y rituales tradicionales), no es la excepción y han ido entrando, a través de las exposiciones funerarias que se realizan en diversas ciudades del mundo y de nuestro país, en el conocimiento de las nuevas tecnologías aplicadas a este campo de los negocios.

Entre los avances más comentados, podemos mencionar los siguientes:

  • Lápidas con código QR para seguir en la red.
  • Programas para conectarse a través de un Smartphone con el fin de ofrecer y obtener más información (fotos, videos, audios) del fallecido.
  • Ataúdes refrigerados para conservar por muchos días el cuerpo.
  • Coches fúnebres con televisión de alta definición, con colores personalizados y cristales polarizados que se activan a control remoto, cristal líquido en ventanas de auto para evitar que el ataúd sea visto desde el exterior.
  • Ataúdes de plástico y cartón biodegradables.
  • Motos Harley Davidson con soporte para transporte de ataúdes.
  • Formas y destinos diversos de esparcir las cenizas del cuerpo cremado.

Todas estas tecnologías nos podrán parecer demasiado avanzadas, onerosas, incompresibles o innecesarias, pero la pregunta es ¿Sí somos empujados a buscarlas, por la competencia y demanda de nuestros cliente, estamos preparados para ello? ¿Y si finalmente las incorporamos, lo haremos a tiempo? Recordemos que siempre hay un costo de oportunidad en nuestras decisiones.

Son preguntas que esperan la respuesta de cada una de las empresas funerarias mexicanas. Por supuesto que para superar el miedo al futuro y aprovechar sus oportunidades, es necesario abandonar la zona de confort, invirtiendo altas dosis de conocimiento, optimismo, confianza en sus capacidades y sobretodo mucho trabajo.

Fotografías:

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