“Entender la muerte, entender la vida”… El tabú tan grande de que se prohíbe hablar del sufrimiento, y, sobre todo, del fracaso: sólo existen los que triunfan, y sólo se puede hablar de éxito.

La muerte forma parte de la propia vida, a través del tiempo vamos atravesando diferentes duelos por pérdidas diversas, de hecho, el primer duelo que vivimos es el desprendimiento del vientre de nuestra madre, el desprendimiento de esta misma al momento de integrarnos a preescolar, esos regalos que nunca llegan, las ausencias, esperanzas, incluso la impotencia y faltantes que por diversas causas se presentan en el transcurrir de nuestras vidas.

Es importante reconocer las fases en el proceso de duelo, en donde debemos darnos permiso de sentirlas y vivirlas, ya que a través de este camino encontraremos la resignificación de las pérdidas.
La muerte de nuestros seres queridos nos transforma nuestra vida, dejando una huella en el antes y el después, regularmente las primeras aproximaciones son a edades tempranas en etapa infantil o adolescencia, ante la pérdida de nuestros queridos abuelitos.

Los abuelos son símbolo de amor, paciencia, consejos, confidentes y enseñanzas, son de las primeras personas con las que tenemos contacto y que más llegamos amar en la vida, generando un deseo de tenerlos siempre a nuestro lado, lamentablemente; algún día partirán e incluso en ocasiones, antes de lo que desearíamos. Todos tenemos recuerdos que quedan impregnados en nuestras mentes y corazones de nuestros queridos abuelos, las pláticas, los consejos, los cantos, los juegos con el abuelo, cuando la abuela nos preparaba nuestra comida o postre favorito y siempre, siempre, la complicidad de ambos, sin embargo es posible que lleguemos a ver la muerte de los abuelos con cierta naturalidad, ya que al verlos mayores asumimos que se irán antes que las personas jóvenes, sin embargo, perderlos puede resultar sumamente doloroso si hemos crecido con ellos o los hemos visto con demasiada frecuencia.

Conservarlos en nuestra memoria y el corazón, agradeciendo y recordándolos por los momentos que se compartieron, las conversaciones, los aprendizajes, los viajes y las fotografías donde aparezcan juntos son buenas opciones para llevarlo siempre en la memoria y corazón. Debemos saber que existirán momentos de tristeza, estos generalmente son las fechas importantes, en las diferentes épocas del año, aniversarios, cumpleaños, navidad; serán dolorosas al principio, pues se tiene la esperanza e ilusión de que el abuelo entre por la puerta en cualquier momento o bien como parte de la familia este integrada, en este proceso aprenderemos a caminar poco a poco, aprenderemos a disfrutar de nuevo cada evento , evocando los buenos recuerdos que llenen de amor y tranquilidad nuestra mente y corazón, con esto generaremos una CONMEMORACIÓN DE AMOR, A ELLOS NUESTROS QUERIDOS Y ENTRAÑABLES ABUELITOS.

Honrar la memoria del abuelo es otra forma de ir sanándonos poco a poco, cuando haya pasado el tiempo necesario y nos sintamos listos, podemos preguntar a nuestros padres: ¿cómo era él? Podemos escribir las historias que solía contarnos, armar un collage de fotografías, atesorar algún regalo que nos hizo, un suéter, un libro, algo que sea realmente importante para nosotros, visitarlo en su tumba o mausoleo, llevarle flores, cantarle canciones y conversar con él/ella. Las redes de apoyo son de gran importancia, saber que no debemos sentirnos obligados a ser fuertes todo el tiempo, ni debemos temer el compartir nuestros sentimientos. Llorar, llorar ayuda mucho, pero si lo hacemos en familia mucho mejor. Cuando el dolor y sufrimiento por la pérdida del abuelo no disminuye y no logramos sentirnos bien al pasar el tiempo, resulta necesario buscar ayuda de un profesional, como puede ser un psicoterapeuta especializado en duelo o bien en tanatología.

“Si me escuchas con tus ojos, mi corazón te hablará.
Si lo haces solo con tus oídos, mi corazón una parte te dirá.
Si tu alma es la que me escucha, la mía tuya será” JMC 2018

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