El hombre nunca cree en su propia muerte, todos sabemos que moriremos, pero nunca creemos que nos llegara. Para que la muerte sea aceptada con valor, dignidad y paz, se necesita de la ayuda humana. Morir siempre será difícil por más natural que sea para el hombre.

Si fuésemos consientes de lo que ofrece la vida y de que la mayoría de las cosas bellas son gratis, se disfrutaría con mayor intensidad el diario vivir, pero el agitado ritmo de vida en la actualidad nos impide valorarlo, por eso el dicho «Nadie sabe lo que tiene, hasta que lo ve perdido». Tenemos que vivir la muerte de alguien para conocer el delgado hilo que sostiene nuestra existencia.

La Tanatología surgió en el siglo XIX, como una especialidad de la medicina enfocada en el estudio de los procesos biológicos y físico químicos del cuerpo humano que acompañan y siguen a la muerte.

Actualmente la Tanatología moderna es un campo multidisciplinario que estudia los procesos de morir y de duelo determinados por la enfermedad,  la muerte y  las pérdidas significativa. Los tanatólogos son los especialistas que manejan la ciencia y el arte de dar atención y ayuda a los moribundos y a las personas en duelo. Su objetivo es dar la atención, ayuda, consejería o terapia para elaborar el duelo por alguna pérdida, de manera que se mantenga, recupere y fortalezca su sentido de vida.

La Tanatología habla más de vida que de muerte, si la finalidad última es que el hombre tenga una muerte apropiada, digna y adecuada, también lo es, el curar en vida el dolor de la muerte y de la desesperanza.

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 No es la existencia de la muerte, sino el huir de ella lo que nos distingue como seres humanos. Para morir es necesario vivir, la muerte está íntimamente ligada con la vida, una y otra se complementan.

 La metodología del estudio y del apoyo tanatológico se basa en la identificación de la naturaleza y circunstancias de la muerte y del significado que tiene el morir y la pérdida para las personas afectadas por ella. Para este conocimiento, se sirve de la observación, descripción, información y organización de todos los eventos que ocurren alrededor de la muerte.

 Por otra parte la Tanatología también es considerada un arte, por la sensibilidad y creatividad que se requiere en la relación interpersonal de ayuda y de comunicación empática con los moribundos y personas en duelo, teniendo objetivos centrales darle dignidad al dolor o sufrimiento emocional del ser humano que llora y vive su pérdida, proporcionar calidad de vida al enfermo en fase terminal y restablecer la funcionalidad de la red social de la personas afectadas para una sana convivencia entre éstas y su entorno familiar y comunitario.

 Para lograr que el estado terminal aísle al individuo de su entorno y le afecte gravemente su sentido de vida, la Tanatología comprende globalmente la condición del ser humano, ampliando su enfoque, para concebirlo de una manera integral como un ser bio-psico-social y espiritual.

Por su énfasis en el papel del amor, del servicio, del aprendizaje, de la sensibilidad y de la espiritualidad, para confrontar la muerte y elaborar los duelos, se ha ubicado también a la Tanatología en el campo de las ciencias del desarrollo humano.

 Las terapéutica tanatológica se auxilia de teorías, métodos y técnicas de diversas ciencias como  la medicina, la psicología, la sociología, la antropología, la filosofía, entre otras. Sin embargo aunque la Tanatología involucra estas disciplinas científicas, no todas son tanatológicas por sí mismas.

 Si consideramos que todas las personas tienen a los largo de su ciclo de vida, constantes pérdidas, grandes o pequeñas, que le generan dolor, sufrimiento, tristeza, culpa, desesperanza, etc., y que a pesar de sus duelos tienen que seguir cumpliendo las tareas de sus proyectos de vida, se puede apreciar la importancia del rol del tanatólogo en la sociedad.

 En este contexto, el tanatólogo es solo un facilitador del potencial interno de las personas a quienes ayuda guiándolos y acompañándolos hacia la recuperación, a la comprensión de la trascendencia de su pérdida, a su sanación emocional y la reconstrucción de un nuevo sentido de vida, siempre al ritmo y la especificidad personal del que lo requiere. Esto marca los límites que tiene su intervención profesional.

Fases del proceso de duelo:

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La médico psiquiatra Elizabeth Kübler Ross, fue la fundadora de la Tanatología clínica. A través de su labor a favor de los derechos y atención de los moribundos, señala la importancia de darle la dignidad de seguir siendo miembros útiles y valiosos de la sociedad. Por ello definió a la Tanatología como una instancia de atención a los moribundos.

En el año de 1991, describió los fenómenos psicológicos que acompañan a los enfermos en fase terminal durante el proceso de muerte. La Dra. Kübler Ross creo el método llamado Modelo Escalonado, que ha sido utilizado como modelo y guía en la mayoría de corrientes actuales de la terapia de duelo. Este consiste en las siguientes etapas:

 • Fase de negación. La negación de una verdad desconcertante tiene una importante función protectora, es una defensa provisional que más tarde es sustituida por una aceptación parcial.

Fase de ira. Al paciente le llega de golpe el conocimiento de que es a él a quien le toca morir y a nadie más. Se llena de sentimientos de enojo, envidia, amargura, desilusión, desesperanza y empieza a preguntarse: ¿Por qué yo?, ¿Por qué a mí?.

Fase de pacto. En esta fase el paciente inicia la negociación, ya no desea vivir largos años, sino que espera vivir para cumplir ciertos objetivos temporales (resolver asuntos pendientes). El desea cerrar ciclos por eso está dispuesto a pactar.

Fase de depresión. El paciente reconoce que ya no puede seguir negando su enfermedad, ni tampoco puede dilatar la llegada de la muerte. Su insensibilidad o estoicismo, su ira y su rabia, serán pronto sustituidos por una gran sensación de perdida. Es una especie de luto anticipado, del que brota una buena disposición para asumir la propia muerte y morir con dignidad y sereno.

Fase de aceptación. No hay que confundirse y creer que la aceptación es una fase feliz. Casi siempre está desprovista de sentimientos, es como si el dolor hubiera desaparecido, la lucha hubiera terminado y llegara el momento del “descanso final antes del largo viaje”.

Si el paciente tuvo tiempo y se le ayudó en las fases anteriores, llegará a la aceptación de su muerte, ya no le deprimirá́ ni tampoco lo enojará. No es que se abandone a ella resignadamente sino que existe como una vaciedad de sentimientos donde se alcanza la tranquilidad, es el descanso final antes del largo viaje. Es aquí donde la comunicación está llena de sentido.
La esperanza es lo único que persiste a lo largo de todas las fases anteriores, especialmente después de la etapa de negación. La mayoría de los pacientes dejan abierta una posibilidad de curación, de descubrimiento de un fármaco, o de un éxito de última hora en un proyecto de investigación. Es ésta chispa de esperanza la que los sostiene durante la etapa final.

Lo anterior confirma el objetivo principal de la Tanatología, es ayudar a las personas en aquello a lo que tiene como derecho primario y fundamental:

  1.  A vivir y morir con dignidad, plena aceptación y total paz.
  2.  Ayudar a los familiares del enfermo terminal a que vivan plenamente y se preparen para la muerte del ser querido.
  3. Ayudar a quienes sufren a que elaboren su duelo en el menor tiempo posible.
Bibliografía:
Gómez Pérez, Marco A. y Delgado Solís, José A. Ritos y mitos de la muerte en éxito y otras culturas.
Mercado Aranda, Martha Cecilia. Enfoque tanatológico en enfermería
Kübler Ross, Elizabeth. Sobre muerte y los moribundos

 

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