La Psicoterapia Analítico-Funcional (PAF) surgió a finales de los años 80 del pasado siglo como una nueva aportación y desarrollo de la terapia de conducta clásica y una alternativa a la psicoterapia tradicional. Se presentó por primera vez en un libro publicado en 1987 por Jacobson sobre la actuación de los psicoterapeutas conductuales y cognitivos en la práctica clínica, y donde Kohlenberg y Tsai (1987) desarrollaban los principios de la PAF.

Un análisis funcional del comportamiento verbal de tradición skinneriana ha encontrado desarrollos en modelos de intervención conductual que son objeto de exposición y análisis en el presente artículo.

En este caso, la relación terapéutica en los procesos de duelo se considera un modelo de relación interpersonal a generalizar a la vida diaria del paciente, mientras que la elaboración de un duelo patológico depende de una serie de factores entre los que destacan, la edad de la persona fallecida, el tipo de muerte, las variables psicosociales, la inestabilidad emocional previa y la experiencia negativa de pérdidas anteriores.

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Las primeras sesiones de trabajo comienzan con una evaluación exhaustiva de los diferentes componentes del modelo. De manera general se hace un registro de cuáles son las cogniciones, emociones y comportamientos que están presentes en el repertorio del paciente.

La psicoterapia analítico-funcional es una forma de terapia de conducta que enfatiza el uso de la relación terapeuta-paciente a objeto de utilizar con toda la intensidad las oportunidades de aprendizaje que surgen en la sesión terapéutica, por ejemplo, intervención in vivo.

Posibilidades de aprendizaje in vivo  (proceso de duelo).

La PAF contempla las oportunidades y posibilidades de aprendizaje in-vivo, es decir, la aparición real de los problemas (elaboración de duelo) del paciente en su interacción con el terapeuta. La aparición in-vivo de los problemas del paciente en los procesos de duelo debe ser distinguida de otras aplicaciones de la terapia de conducta tales como ensayo conductual ó el repaso conductual.

En la PAF, estas apariciones in vivo de los problemas del cliente, son denominadas conductas clínicamente relevantes tipo 1 (CCR1). Por otra parte, conductas clínicamente relevantes tipo 2 (CCR2) son mejorías reales que suceden en la sesión.

La PAF emplea varias estrategias terapéuticas. Las tres principales son:

  • Estrategia 1: Atención a las conductas clínicamente relevantes (CCR). Esta estrategia es la más importante ya que por sí sola conduce a un tratamiento más intenso y afectivo. Un terapeuta hábil en la detección de CCR tiende a tener mayor facilidad para fomentar e incentivar naturalmente a los clientes a objeto de que abandonen patrones de comportamiento auto-inculpatorios que aparezcan in vivo (tristeza, melancolía, mecanismos de defensa etc.).
  • Estrategia 2: Provocar CCR2. Ya que la ocurrencia de CCR está indicada para la realización de la PAF, la reconstrucción de los problemas de conducta del cliente en un ensayo conductual como se ha mencionado, no es igual a la aparición natural de CCR. Por lo que fingir situaciones ad hoc, tales como llegar tarde, enfadarse o mostrar desinterés al cliente, no son recomendables, pues es incongruente con la relación honesta y cercana que la PAF  sugiere.
  • Estrategia 3: Reforzar CCR2. Un término técnico que en este contexto se refiere al cuidado y fortalecimiento que el terapeuta ejerce sobre las mejorías que se producen en la consulta durante el proceso de duelo (conductas, resiliencia, habilidades, etc.).

Ante las demandas que el ámbito clínico de la psicología enfrenta actualmente en la intervención de trastornos depresivos, tales como la necesidad de identificar intervenciones con evidencia comprobada empíricamente o intervenciones que se encuentren libres de pseudociencia, la PAF representa una opción interesante y valida que podría llenar muchos de estos espacios vacíos en el proceso de duelo. Con respecto a la psicología clínica sabemos por una parte que es una de las áreas más importantes de nuestra ciencia y la que cuenta con mayor número de integrantes (Robins, Gosling, y Craik, 1999), pero de igual manera sabemos que a lo largo de la historia de la psicología quizá sea la que más problemas ha tenido en relación a su carácter científico.

De esta manera, se evidencia la necesidad de incluir tecnología operante en las intervenciones que realizan los psicólogos clínicos, debido a que su marco teórico se fundamenta de manera sólida en investigación tanto básica comoaplicada, y sus conceptos y técnicas de intervención son dóciles a la investigación científica.

Bibliografía.

Kohlenberg, R. J. y Tsai, M. (1991). Functional analytic psychotherapy.Creating intense and curative therapeutic relationships.Nueva York: Plenum Press.

Robins, R. W., Gosling, S. D., y Craik, K. H. (1999). An empirical analysis of trends in psychology.American Psychologist, 54, 117-128.

 

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